Fabian Donato
Entre los años 2008 y 2010, Fabian Donato llevó adelante el blog noestatanmal.blogspot.com, donde narraba alegrías y padecimientos de su paso como estudiante por la ciudad de La Plata. Aquellos relatos, que comenzaron como un ejercicio catártico para un estudiante del interior, se convirtieron en lectura obligada para cientos de otros estudiantes que compartían experiencias similares.
Pasado un tiempo, Donato decide revisar aquellas crónicas de la vida cotidiana adaptándolas a un nuevo formato. Así nace La Facultad daña, una serie de aguafuertes que reflejan la experiencia académica, la vida familiar, las amistades, el amor y los esfuerzos de un estudiante por salir adelante en medio de la crisis.
Libros en Colectivo - Reseñas
jueves 24 de marzo de 2011
lunes 21 de marzo de 2011
Estados Unidos, el IV Reich
Leónidas Colapito, al vincular la política internacional de Estados Unidos y del III Reich alemán, desglosa el viejo apotegma de Carlos Marx, según el cual la historia se sucede primero como tragédia y luego como farsa.
Estados Unidos se considera superior al resto del mundo, el cual debe adaptarse a los valores de su “modo de vida”, caracterizado por un individualismo extremo con su correlativo espíritu competitivo, esos son los “derechos humanos” que reconocen, y no los de los pactos internacionales que no han ratificado: es más, ni siquiera ratifican la Convención Americana. Asimismo, su espacio vital abarca el mundo entero, allí donde hay productos imprescindibles para su economía: petróleo, agua potable, gas, etc. Las anexiones territoriales, muy costosas en su mantenimiento, sólo se concretan cuando no existe la alternativa de gerentes locales que garanticen los intereses del imperio.
Desde el comienzo de Estados Unidos, el IV Reich, y aportando amplia documentación desconocida u olvidada, Leónidas Colapinto muestra que “viscosas telarañas suelen tejerse entre el poder político y el capital económico”, pedestales ambos de la construcción del país imperial.
Colapinto recorre la historia demostrando —con ejemplos paradigmáticos de América Latina y el Caribe, de Europa, África y Asia— la similitud esencial del III Reich hitleriano y el IV estadounidense. Desde luego, no podía faltar el análisis de la actuación cómplice de la Iglesia Católica y la prensa.
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Leónidas Colapinto,
Serie Propia palabra
domingo 13 de marzo de 2011
Serie Narrar, leer, escribir y dibujar
Graciela Hernández presenta la serie "Narrar, leer, escribir y dibujar". Dibujos de El Otro Dobal.
La noción de niñez, lejos de ser homogénea y unícova está atravesada por una serie de experiencias en las que deben incluirse cuestiones referentes al entramado social, las vinculaciones étnicas y de género. Esto, muchas veces es obviado a la hora de formular tanto los programas curriculares escolares, como aquellos destinados a la capacitación docente en los diferentes niveles.
Graciela Hernández, luego de su trabajo con la comunidad educativa de Alférez San Martín (partido de Bahía Blanca), asume el desafío de construir y proponer una serie de actividades para el trabajo áulico incorporando los conocimientos y saberes que los chicos y chicas de las escuelas rurales comparten con el medio y su gente.
La serie hasta el momento cuenta con cuatro libros:
1. Tesoros enterrados de aquí y allá
La noción de niñez, lejos de ser homogénea y unícova está atravesada por una serie de experiencias en las que deben incluirse cuestiones referentes al entramado social, las vinculaciones étnicas y de género. Esto, muchas veces es obviado a la hora de formular tanto los programas curriculares escolares, como aquellos destinados a la capacitación docente en los diferentes niveles.
Graciela Hernández, luego de su trabajo con la comunidad educativa de Alférez San Martín (partido de Bahía Blanca), asume el desafío de construir y proponer una serie de actividades para el trabajo áulico incorporando los conocimientos y saberes que los chicos y chicas de las escuelas rurales comparten con el medio y su gente.
La serie hasta el momento cuenta con cuatro libros:
1. Tesoros enterrados de aquí y allá
2. Dragones y dinosaurios
3. Animales que dan que hablar
4. Novios y novias
Etiquetas:
Serie Narrar leer escribir y dibujar
miércoles 11 de noviembre de 2009
Caro Moreno - En la presentación del libro
Al ras de la pasión
Natalia Molina, para la presentación del libro
Carolina Moreno va al ras del silencio, de la palabra, de la pasión, de la poesía. Al ras del deseo, la vida.
Tiene 20 años, nació en Bahía Blanca. Comenzó a escribir a los 10 años, por las noches, antes de ir a dormir. Desde ese momento no dejó de escribir y de leer.
Su poesía ahonda en la pasión como forma de vida, indisoluble del arte. La vida es arte para Carolina Moreno, y viceversa.
La lectura de Al ras increpa, desnuda, equilibra claroscuros de la vida misma. La música de su sangre joven, el caos y la belleza de ser mujer. No pasa desapercibida, como una flor de loto en el medio de una ciudad ventosa, con la nostalgia del mar.
No hay límites en su voz poética, porque su compostaje es el deseo. Cuerpo rojo cósmico y terreno. “El deseo es un animal todo vestido de fuego”, como escribe Juan Gelman. En la poesía de Caro Moreno, ese animal incendia la mirada, con el elemento ígneo que prima en los rituales de las magas. Mujeres ancestrales que la habitan. La naturaleza de esas voces que confluyen en el cuerpo de la escritura.
Caro Moreno le hace bien a la poesía, y la poesía le hace bien a ella. En un doble juego de espejos que resignifican las distintas lecturas de Al ras.
Al ras de puede leer de corrido, de atrás para adelante, mezclando poemas. Siempre tendrá otro color, gamas, matices para descubrirlo, y descubrir a esta mujer poeta que me ganó el corazón con su actitud de vida y su poesía.
Me trae resabios de mis 20 años, hecho que me impacta y alegra. Se lo agradezco, y los invito a entrar en su palabra.
viernes 11 de septiembre de 2009
F.G. Romero - Entrevista sobre "Los Estudiantes. Organizaciones y lucha"
Entrevista con el historiador Fernando G. Romero, compilador de "Los estudiantes. Organizaciones y luchas en Argentina y Chile"
¿Cómo surgió esta compilación?
La idea fue desarrollar una mayor difusión de los temas y problemas que fueron discutidos en las II° Jornadas de Estudio y Reflexión sobre el Movimiento Estudiantil Argentino y Latinoamericano que se desarrollaron en Bahía Blanca durante el año 2008. Se realizó una convocatoria entre los autores que presentaron sus ponencias y otros investigadores ligados a la temática. De allí se seleccionaron 12 artículos, 11 correspondientes a la Argentina y 1 de Chile.
¿Quiénes participan de la compilación?
Pablo Bonavena; Lautaro Bruera; Mariano Millán; Erica Yuszczyk; Paula Talamonti Calzetta; Stella Maris Más Rocha; Ana López Dietz; Maximiliano Román; Paula Fernández; María Julia Giménez; Ivan Grasso y Eugenio Monforte.
¿Cuáles son las características de los trabajos que se incluyen?
Los trabajos abordan distintas experiencias y procesos del movimiento estudiantil a la vez que se problematizan ideas y perspectivas teóricas y metodológicas. Habría que señalar que a la vez que revelan rigurosidad investigativa no son políticamente neutros, es decir suponen la búsqueda de transformación social y evaluación de la participación de los estudiantes como actores de los procesos que se abordan.
¿Qué discusiones abarcan?
De un extremo al otro del libro pueden observarse discusiones teóricas y conceptuales sobre el estudiantado y el movimiento estudiantil, el aporte de distintos intelectuales (Deodoro Roca, Taborda, Lazarte y Julio V. González) al ideario de la Reforma de 1918, y el análisis de experiencias concretas de luchas al interior del movimiento estudiantil (integralistas y reformistas) como de la participación de los estudiantes en distintos conflictos como el "rosariazo", el "correntinazo", el "tucumanazo" y las luchas contra la Ley de Educación Superior. Además, la amplitud de la convocatoria permitió la incorporación de trabajos muy variados, en lo cuales se abordan experiencias organizativas de una revista universitaria en Bahía Blanca (Graphos), de la solidaridad con la Revolución Sandinista y de la intervención política en la regulación de centros de estudiantes de secundarios. Asimismo, se incluye un análisis de los cambios en las universidades chilenas desde la dictadura de Pinochet hasta la actualidad.
¿Abarca algún período en especial?
Los estudios abarcan desde los hechos de 1918 hasta la actualidad; huelgas y tomas de universidades de 1956, las luchas estudiantiles de las décadas de 1960 y 1970, experiencias organizativas en los años setenta y ochenta, el conflicto de la Ley de Educación Superior de los noventa.
La idea fue desarrollar una mayor difusión de los temas y problemas que fueron discutidos en las II° Jornadas de Estudio y Reflexión sobre el Movimiento Estudiantil Argentino y Latinoamericano que se desarrollaron en Bahía Blanca durante el año 2008. Se realizó una convocatoria entre los autores que presentaron sus ponencias y otros investigadores ligados a la temática. De allí se seleccionaron 12 artículos, 11 correspondientes a la Argentina y 1 de Chile.
¿Quiénes participan de la compilación?
Pablo Bonavena; Lautaro Bruera; Mariano Millán; Erica Yuszczyk; Paula Talamonti Calzetta; Stella Maris Más Rocha; Ana López Dietz; Maximiliano Román; Paula Fernández; María Julia Giménez; Ivan Grasso y Eugenio Monforte.
¿Cuáles son las características de los trabajos que se incluyen?
Los trabajos abordan distintas experiencias y procesos del movimiento estudiantil a la vez que se problematizan ideas y perspectivas teóricas y metodológicas. Habría que señalar que a la vez que revelan rigurosidad investigativa no son políticamente neutros, es decir suponen la búsqueda de transformación social y evaluación de la participación de los estudiantes como actores de los procesos que se abordan.
¿Qué discusiones abarcan?
De un extremo al otro del libro pueden observarse discusiones teóricas y conceptuales sobre el estudiantado y el movimiento estudiantil, el aporte de distintos intelectuales (Deodoro Roca, Taborda, Lazarte y Julio V. González) al ideario de la Reforma de 1918, y el análisis de experiencias concretas de luchas al interior del movimiento estudiantil (integralistas y reformistas) como de la participación de los estudiantes en distintos conflictos como el "rosariazo", el "correntinazo", el "tucumanazo" y las luchas contra la Ley de Educación Superior. Además, la amplitud de la convocatoria permitió la incorporación de trabajos muy variados, en lo cuales se abordan experiencias organizativas de una revista universitaria en Bahía Blanca (Graphos), de la solidaridad con la Revolución Sandinista y de la intervención política en la regulación de centros de estudiantes de secundarios. Asimismo, se incluye un análisis de los cambios en las universidades chilenas desde la dictadura de Pinochet hasta la actualidad.
¿Abarca algún período en especial?
Los estudios abarcan desde los hechos de 1918 hasta la actualidad; huelgas y tomas de universidades de 1956, las luchas estudiantiles de las décadas de 1960 y 1970, experiencias organizativas en los años setenta y ochenta, el conflicto de la Ley de Educación Superior de los noventa.
Dobal - revista Dzo
Paratextos Latinoamericanos
Natalia Ferro Sardi, para revista Dzo
Natalia Ferro Sardi, para revista Dzo
Bajo el sugerente título de Botero, Claudio Dobal, nacido en Bahía Blanca en 1979, reúne en este libro tres cuentos.
Desde una efectiva heterogeneidad, a nivel de estrategias discursivas y de los argumentos elegidos, los relatos dialogan horizontal y verticalmente con corpus anteriores y circunstancias propias de la situación actual del autor y de sus destinatarios.
En su conjunto los textos constituyen un intento, por parte del escritor, de insertarse dentro de una línea narrativa que recorre la historia de la literatura latinoamericana desde sus comienzos. La pregunta por la identidad de un espacio marcado por la violencia desde sus orígenes, recorre distintos géneros y manifestaciones culturales ensayando diversas interpretaciones. Las respuestas ofrecidas a lo largo de estas 177 páginas no son concluyentes y es ahí donde reside uno de los mejores aciertos de la obra.
La elección del apellido del pintor colombiano, como nombre de la compilación, adelanta la posición política de Dobal desde el punto de vista temático y formal. Citar al otro, aún en el paratexto, es un gesto que implica el deseo de querer ser, en cierta forma, ese otro. Desde una perspectiva que privilegia lo grotesco se va a contar – en dos de sus acepciones: narrar y enumerar – el cuerpo subrayando su desborde.
Los individuos que protagonizan estas historias comparten, de algún modo, con varias de las figuras de Botero su condición de marginales, excluidos de representaciones hegemónicas que fueron conformando imaginarios sociales. Ambos comparten, además, su condición de integrantes de sociedades cuyas instituciones están estalladas y forman parte de una cultura caracterizada por la brutalidad (“Carrobomba”, “Masacre de los inocentes”, “La guerrilla” y “La muerte de Pablo Escobar” pueden ser mencionados como ejemplos), la opresión y la injusticia.
Tipos desilusionados, fracasados y desmoralizados, las criaturas de Dobal, observan los acontecimientos sin poder o sin querer modificarlos: “…tienen que salir a chorear o a revolver la basura de los otros porque no hay otra hay que hacerlo porque es así, quizá piensa el caribe. Ese caribe que también chorea. Que también sale a chorear porque es así.” (“Caribe”: 59) La existencia sigue siendo concebida como una fatalidad.
En estos mundos narrativos sometidos y organizados por la ley de la oferta y la demanda, estos “otros” siempre distintos y distantes para el sistema, son reducidos a objeto, son materia, son carne, negociable, trasladable o intercambiable.
En estas condiciones, las personas no poseen identidad, son lo que hacen, la función que cumplen o aquello que poseen. La escritura da cuenta de estos otros, de sus soledades y miserias, pero no habla desde, por o para esos otros. Los muestra inconclusos, siempre inaprensibles para una mirada ajena, extrañada. Y es precisamente en la problematización de la perspectiva narrativa, a través de un medido uso del adverbio (quizá) donde reside un segundo logro. Así una posible aserción sobre la identidad individual o grupal no es terminante. El significado flota más allá o más acá de interpretaciones monolíticas y se evitan, afortunadamente, maniqueísmos panfletarios.
Encontrar la conjunción de tiempos que le permita dar cuenta de la complejidad de los conflictos que atraviesan este espacio y a este sector de sus habitantes, parecer ser una preocupación que otorga unidad al conjunto de cuentos.
El primero de los textos, “Caribe”, invita a una doble lectura. Puede ser abordado como la historia de un hombre “al límite”. Alguien a quien los hechos le suceden sin que estos se encuentren, necesariamente, conectados por una lógica causal. Caribe, como un miembro más del grupo de “hombres auténticos”, en términos de Bourdieu, ve su virilidad puesta a prueba en cada acto. La narración muestra sin embargo un tipo desconcertado frete a estas mismas nociones y reducido a instrumento. Carne que satisface a la carne – la brazuca – cuerpo al cual se le arrebata el sentido final de sus acciones. Carne convertida en espectáculo y vendida al morbo del público desde la palabra tergiversada de los medios.
“Caribe” también puede ser comprendido como la Historia de un espacio, inventada aún antes de ser descubierto, o mejor dicho, conocido. Un lugar sobreinterpretado, desnaturalizado, ajeno, siempre. Habitante y espacio se confunden en el verbo ser que los abarca. Los paralelismos sintácticos y semánticos otorgan al relato una morosidad que parece reproducir lo agobiante del clima, entendido tanto en un sentido literal como simbólico. Esta ambivalencia abre el juego al lector y vuelve interesante el texto.
“Cartoons” refiere lo que le va sucediendo a quien era “literalmente un hijo de puta” (“Carita”: 75). Comparte este cuento con el que le antecede la pregunta sobre el lugar del padre y cuestiona los imaginarios familiares tradicionales que los discursos dominantes ponen en circulación. Los personajes trazados desde la exageración, parecen, justamente, dibujos animados.
Lo alto y lo bajo, lo sagrado y lo profano, se reúnen sin llegar a fundirse en el tercer relato, en ese momento tan especial que es el carnaval. Dos historias, se narran de manera paralela: la de un rito consistente en una pelea de gallos involucra el destino de todo un pueblo; el desencuentro entre un joven y su novia después de una pelea durante el día de la celebración de esta festividad. Los relatos se irán intercalando mientras la tensión, en ambos, va en aumento. Diferentes tiempos y distintas culturas se encuentran unidos ante la expectativa de la llegada posible del caos, de la destrucción de un orden, que nunca llega. En esa espera y en la ansiedad que ésta genera se concentra la tensión del cuento. La carne reemplaza a la carne y todo vuelve a reiniciarse como en un ciclo.
La galería de personajes femeninos que desfilan por estas páginas no trascienden la categoría de estereotipos. No obstante, los textos, en su conjunto evidencian un dominio sólido, por parte de Dobal, de la selección y combinación de estrategias narrativas. El lenguaje sugiere una violencia mayor de la que nombra. Esto genera que el impacto sobre el lector sea más firme. La carne, como metonimia de los sujetos y metáfora de un sistema, evidencia atinadamente el lugar de los cuerpos puestos en circulación dentro de una economía de objetos.
Desde una efectiva heterogeneidad, a nivel de estrategias discursivas y de los argumentos elegidos, los relatos dialogan horizontal y verticalmente con corpus anteriores y circunstancias propias de la situación actual del autor y de sus destinatarios.
En su conjunto los textos constituyen un intento, por parte del escritor, de insertarse dentro de una línea narrativa que recorre la historia de la literatura latinoamericana desde sus comienzos. La pregunta por la identidad de un espacio marcado por la violencia desde sus orígenes, recorre distintos géneros y manifestaciones culturales ensayando diversas interpretaciones. Las respuestas ofrecidas a lo largo de estas 177 páginas no son concluyentes y es ahí donde reside uno de los mejores aciertos de la obra.
La elección del apellido del pintor colombiano, como nombre de la compilación, adelanta la posición política de Dobal desde el punto de vista temático y formal. Citar al otro, aún en el paratexto, es un gesto que implica el deseo de querer ser, en cierta forma, ese otro. Desde una perspectiva que privilegia lo grotesco se va a contar – en dos de sus acepciones: narrar y enumerar – el cuerpo subrayando su desborde.
Los individuos que protagonizan estas historias comparten, de algún modo, con varias de las figuras de Botero su condición de marginales, excluidos de representaciones hegemónicas que fueron conformando imaginarios sociales. Ambos comparten, además, su condición de integrantes de sociedades cuyas instituciones están estalladas y forman parte de una cultura caracterizada por la brutalidad (“Carrobomba”, “Masacre de los inocentes”, “La guerrilla” y “La muerte de Pablo Escobar” pueden ser mencionados como ejemplos), la opresión y la injusticia.
Tipos desilusionados, fracasados y desmoralizados, las criaturas de Dobal, observan los acontecimientos sin poder o sin querer modificarlos: “…tienen que salir a chorear o a revolver la basura de los otros porque no hay otra hay que hacerlo porque es así, quizá piensa el caribe. Ese caribe que también chorea. Que también sale a chorear porque es así.” (“Caribe”: 59) La existencia sigue siendo concebida como una fatalidad.
En estos mundos narrativos sometidos y organizados por la ley de la oferta y la demanda, estos “otros” siempre distintos y distantes para el sistema, son reducidos a objeto, son materia, son carne, negociable, trasladable o intercambiable.
En estas condiciones, las personas no poseen identidad, son lo que hacen, la función que cumplen o aquello que poseen. La escritura da cuenta de estos otros, de sus soledades y miserias, pero no habla desde, por o para esos otros. Los muestra inconclusos, siempre inaprensibles para una mirada ajena, extrañada. Y es precisamente en la problematización de la perspectiva narrativa, a través de un medido uso del adverbio (quizá) donde reside un segundo logro. Así una posible aserción sobre la identidad individual o grupal no es terminante. El significado flota más allá o más acá de interpretaciones monolíticas y se evitan, afortunadamente, maniqueísmos panfletarios.
Encontrar la conjunción de tiempos que le permita dar cuenta de la complejidad de los conflictos que atraviesan este espacio y a este sector de sus habitantes, parecer ser una preocupación que otorga unidad al conjunto de cuentos.
El primero de los textos, “Caribe”, invita a una doble lectura. Puede ser abordado como la historia de un hombre “al límite”. Alguien a quien los hechos le suceden sin que estos se encuentren, necesariamente, conectados por una lógica causal. Caribe, como un miembro más del grupo de “hombres auténticos”, en términos de Bourdieu, ve su virilidad puesta a prueba en cada acto. La narración muestra sin embargo un tipo desconcertado frete a estas mismas nociones y reducido a instrumento. Carne que satisface a la carne – la brazuca – cuerpo al cual se le arrebata el sentido final de sus acciones. Carne convertida en espectáculo y vendida al morbo del público desde la palabra tergiversada de los medios.
“Caribe” también puede ser comprendido como la Historia de un espacio, inventada aún antes de ser descubierto, o mejor dicho, conocido. Un lugar sobreinterpretado, desnaturalizado, ajeno, siempre. Habitante y espacio se confunden en el verbo ser que los abarca. Los paralelismos sintácticos y semánticos otorgan al relato una morosidad que parece reproducir lo agobiante del clima, entendido tanto en un sentido literal como simbólico. Esta ambivalencia abre el juego al lector y vuelve interesante el texto.
“Cartoons” refiere lo que le va sucediendo a quien era “literalmente un hijo de puta” (“Carita”: 75). Comparte este cuento con el que le antecede la pregunta sobre el lugar del padre y cuestiona los imaginarios familiares tradicionales que los discursos dominantes ponen en circulación. Los personajes trazados desde la exageración, parecen, justamente, dibujos animados.
Lo alto y lo bajo, lo sagrado y lo profano, se reúnen sin llegar a fundirse en el tercer relato, en ese momento tan especial que es el carnaval. Dos historias, se narran de manera paralela: la de un rito consistente en una pelea de gallos involucra el destino de todo un pueblo; el desencuentro entre un joven y su novia después de una pelea durante el día de la celebración de esta festividad. Los relatos se irán intercalando mientras la tensión, en ambos, va en aumento. Diferentes tiempos y distintas culturas se encuentran unidos ante la expectativa de la llegada posible del caos, de la destrucción de un orden, que nunca llega. En esa espera y en la ansiedad que ésta genera se concentra la tensión del cuento. La carne reemplaza a la carne y todo vuelve a reiniciarse como en un ciclo.
La galería de personajes femeninos que desfilan por estas páginas no trascienden la categoría de estereotipos. No obstante, los textos, en su conjunto evidencian un dominio sólido, por parte de Dobal, de la selección y combinación de estrategias narrativas. El lenguaje sugiere una violencia mayor de la que nombra. Esto genera que el impacto sobre el lector sea más firme. La carne, como metonimia de los sujetos y metáfora de un sistema, evidencia atinadamente el lugar de los cuerpos puestos en circulación dentro de una economía de objetos.
Dobal - revista El Matadero
Entre caras carcomidas y caretas caricaturescas
Ana Ojeda, para la revista El Matadero
Bibliografía
Masotta, Oscar, Sexo y traición en Roberto Arlt, Buenos Aires, Jorge Álvarez, 1965.
Olivari, Nicolás, Poesías 1920 – 1930: La amda infiel, La musa de la mala pata, El gato escaldado, Buenos Aires, Malas Palabras Buks, 2005.
Ana Ojeda, para la revista El Matadero
Aquél que no tiene con qué vivir no debe ni reconocer ni respetar la propiedad de los otros, ya que los principios del contrato social han sido violados en su contra.
Johann Gottlieb Fichte
Están arribando a ese quilombo liminar que (sic), como empieza a decir el tipo del gamutón, mirándolo de afuera, sólo se puede ir a buscar historias sórdidas para contar o recordar; historias que caigan mal, que duelan, que molesten y que, por sobre todo, encrespen a las familias burguesas cargadas de ilusiones vanas.
Claudio Dobal
Johann Gottlieb Fichte
Están arribando a ese quilombo liminar que (sic), como empieza a decir el tipo del gamutón, mirándolo de afuera, sólo se puede ir a buscar historias sórdidas para contar o recordar; historias que caigan mal, que duelan, que molesten y que, por sobre todo, encrespen a las familias burguesas cargadas de ilusiones vanas.
Claudio Dobal
Partamos de la concepción que en su modalidad más canónica considera a Jorge Luis Borges el epítome del escritor argentino (y al hacerlo, correlativamente, lo imagina entre dos orillas), concepción que actualmente domina el sistema literario promocionado por los conglomerados editoriales transnacionales, empobreciendo de manera notable la diversidad propia del campo literario no sólo del siglo XX, sino también del actual. En este contexto, no puede sino saludarse de manera positiva —y efusiva— la iniciativa de Ediciones de Barricada, que propone Bahía Blanca como el ombligo del mundo o, para decirlo con Georgie, que transforma Punta Alta en el aleph de ese sótano ubicado en la calle Brasil: “Ediciones de Barricada aspira a posicionarse como un sello especializado en narrativa y ensayística atendiendo a coordenadas geográficas precisas: el sudoeste bonaerense —leemos en su sitio de Internet—. Demostrando de esta manera el carácter vivo y dinámico de la producción intelectual y literaria argentina que lejos está de reducirse a los centros decisionales, e incluso por los canales tradicionales. Bahía Blanca y su región es un campo intelectual y cultural rico aunque inexplorado. Toda una nueva generación de narradores e investigadores toman la palabra a través de nuestro sello y mediante tal acción se inscriben en el contexto nacional y latinoamericano de aquellos que instan, desde su lugar, a sumar sus aportes a los procesos de transformación cultural y política.” Ediciones de Barricada posee, hasta el momento, la Colección Cuadernos y la Colección Nueva Narrativa. Botero pertenece a esta última.
Claudio Dobal (1979) nació en Bahía Blanca. Es profesor de literatura y se nota. “Caribe”, el primero de los tres relatos que conforman Botero, puede apreciarse a contraluz de aquella hermosa y portorriqueña Guaracha del Macho Camacho, de Luis Rafael Sánchez. La narración comienza con el caribe (sic), amante de la brazuca (también sic) y chorro por encargo, que se descubre padre de “una tela que llora”. De comienzo moroso y avanzar lento, la narración de “Caribe” se basa en una repetición machacona de las palabras —típicamente guarachera—, palabras que aparecen una y otra vez, tanto, que por momentos logran que el lector bizquee. Esta dificultad de arranque, por un lado, potencia el impacto del corazón narrativo de la historia. Por el otro, se constituye en la de la solución que adopta Dobal en este primer texto para escribir la pobreza.
Tal como apunta Rocco Carbone en otro lugar de este mismo Matadero refiriéndose a Grotescos de Crespi, en “Caribe” lo importante no es sólo qué se cuenta, sino cómo se lo hace. La historia se desarrolla en un espacio que es el centro de una disputa. De una parte están los hombres fosforescentes, con sus mujeres fosforescentes y sus casas fosforescentes. Ellos son los que saben leer, los que dominan los medios de comunicación (en especial, los diarios y la televisión), los que poseen, en fin, escritores que legitiman las prácticas fosforescentes y le otorgan a esa clase dominante el sostén ideológico que precisa. Frente a ellos encontramos a los hombres chapa, que se sueñan fosforescentes y se identifican, así, con quienes los consideran enemigos y los quieren erradicar, sacar del espacio que ocupan. Entre unos y otros, está el caribe, único dotado de conciencia crítica, capaz de comprender la situación en su totalidad, tal como es más allá de las apariencias: “Eliminar a los hombres chapa que se niegan ser hombres chapa. Que se creen hombres fosforescentes. Que no critican a los hombres fosforescentes porque les parece que son como ellos. Que no hacen nada contra la fosforescencia porque ellos se creen brillantes. Pero el caribe sabe la verdad. Sabe que ninguno de ellos es fosforescente.” (48) Esta capacidad, huelga decirlo, lo aleja tanto de los hombres chapa como de los fosforescentes: ambos lo desprecian, le tienen miedo y, en definitiva, quieren acabar con él.
En este plano, el uso de las minúsculas para los nombres propios o apodos (caribe, brazuca, pedro —el escritor—) posee varias funciones. Por un lado, desencadena una polisemia sugestiva, instaurando una ambigüedad que seduce al lector, que lo lleva de un hombre a un lugar geográfico y de vuelta al hombre, sobre todo en la primera parte del texto. Por ejemplo: “Todo ahora es extraño para el caribe. Todo ahora es de otros (…) Y el caribe quiere que le devuelvan su música. Que dejen de usarla y dejen de usarlo. Porque ese caribe que ahora camina un poco más lejos de la vidriera no se va a acostumbrar nunca a ser usado. A que le usen la música como le usaron la tierra, el espacio, sus cosas, sus casas.” (19-20). Esta oscilación contribuye a volver más asfixiante todavía la creación literaria que Dobal hace de la pobreza. Pero por otra parte, y tal como señala Rocco Carbone en su reseña sobre el libro de Crespi, las minúsculas también pueden ser entendidas como una solución literaria que aspira a la universalidad de lo narrado. Se trata de identidades borrosas que carecen de nombre propio (también, por supuesto, de apellido), permitiendo la atribución de lo relatado a cualquier sujeto, a todos y a ninguno en particular. “Caribe” es, en este sentido, una historia épica.
“Cartoons” , la segunda pieza de Botero, ya no interpela la prosa guarachera de Sánchez y se va, más bien, al encuentro de Arlt. Este brusco cambio de tono es un acierto, ya que le da un respiro al lector y, en el mismo movimiento, constituye el primer texto en una unidad cerrada en sí misma y, en ese sentido, autónoma. El protagonista de “Cartoons” se llama Robertito y es, tal como se aclara en la primera frase del texto, un hijo de puta literal. Hijo de una puta que trabaja en el burdel del Griego, Robertito nunca conoce a su padre. Crece enamorado del pecho de Gertrudis (comparable al de aquella que se volvió ícono inolvidable de Amarcord), compañera de su madre, sintiéndose un poco el sobrino de Totó, un cliente transportista de profesión. Todo el cuento transcurre entre el burdel, la comisaría y la panadería de un italiano en la que trabaja Robertito. El ansia de diálogo con la literatura arltiana se encuentra dispersa en múltiples aspectos (y momentos) de esta narración. En personajes, ambientes y situaciones que sería verboso enumerar. Sin embargo, vale la pena mencionar que los errores de ortografía y sintaxis que campean a lo largo y ancho de “Cartoons” —y que, en su mayoría, están ausentes de “Caribe” y “Carnival”— pueden leerse como una opción por la “mala escritura” arltiana, es decir, como una elección consciente y funcional al mundo retratado.
Si en “Caribe” aparecía la primera figura de escritor propuesta en Botero, en “Cartoons” nos encontramos con la segunda. Esta vez, el hombre se llama Ferrero y resulta la antítesis del ya mencionado pedro. Mientras éste puede pensarse como una puta fiel (a los dictados de la clase que usa lo que él escribe), aquél es más bien, y en términos olivarianos, una amada infiel. En uno de los mejores momentos del libro (si no el mejor), Ferrero discurre de la siguiente manera acerca del oficio de escribir mientras asiste, junto con Robertito y Totó, a un show de strippers (durante el cual los tres aprovechan para, se podría decir, relojear a las chicas de abanico): “tenían toda la razón los que me dijeron que hoy no se puede ser escritor profesional. Que no se puede vivir de la escritura siendo escritor. Esa época ya pasó para nosotros (…) Acá, la verdad, para ser escritor en serio hay que dedicarse a otra cosa completamente distinta.” (112) Enfoque similar, como se verá enseguida, al expresado en 1929 por el poeta Nicolás Olivari en sus “Palabras que se lleva el viento”: “Trabajarán los artistas del poema nuevo en sus labores de atrofia. Serán empleados, obreros, mecánicos, médicos, abogados, diputados y aviadores, con la insensibilidad del condenado para siempre a la rutina de la jornada de 8 horas. Luego, en las ocho restantes, desarrollarán la imaginación en reposo y producirán la magnífica inutilidad de sus poemas por los cuales, con toda justicia, no percibirán un solo cobre.” (2005: 136) A partir de estas coincidencias, entonces, se podría pensar la identidad del escritor moderno como la propia incapacidad de ser tal, el hecho de tener que ser “otra cosa” para, paradójicamente, ser un escritor. Cartero (como Bukowski), pero también barrendero, son las opciones que baraja Ferrero, él mismo ex profesor de Lengua y Castellano de la Escuela No. 22. Al final, de todas maneras, terminará convirtiéndose en panadero y ocupando, significativamente, el lugar que Robertito deja vacante.
Llegamos así a “Carnival”, último texto de este libro, en el que se emplaza un juego de espejos similar al de “La noche boca arriba” cortazareana. Por un lado, asistimos a la realización de un ritual indio en el que se decide la suerte del universo por medio de una riña de gallos. Uno, pintado de azul, simboliza el Orden, mientras que el otro, teñido de rojo, hace las veces de Caos. De forma inesperada, éste mata al primero. Los indios, entonces, se preparan para el fin del mundo. Paralelamente, en una ciudad moderna, la gente le da la bienvenida al Carnaval, festividad durante la cual : “(…) la calle era una pequeña revolución de muñecos. Todos imitaban a alguien. Todos querían verse distintos, aparentar ser alguien que nunca podrían ser”. Como se ve, esto retoma la problemática puesta sobre la mesa por “Caribe” y sus hombres chapa que se querían fosforescentes. A ésta, podríamos sumar otra problemática que también atraviesa los tres cuentos: el ansia de cambio entendido como revolución social, como instauración de un nuevo orden, distinto del ya existente. Una y otra logran darle a Botero una unidad que supera las fronteras de cada cuento y construyen, así, un todo articulado y orgánico. El tercer elemento que está presente a lo largo de todo el libro es la sílaba “car-”. En efecto, los tres textos que lo componen se llaman: “Caribe”, “Cartoons” y “Carnival”. “Cartoons”, a su vez, está dividido en “Carita”, “Caretas” y “Carnicería”. De esto derivo dos conclusiones. La primera: hubiera sido perfecto que esta reseña la hiciera Carbone; segundo: la repetición de esa sílaba inicial podría referirse a la voluntad de mostrar que todo es lo mismo, que las historias comparten una raíz común: el margen convertido en centro por el mero acto de narrarlo. Desde este punto de vista fonético, y ya para terminar, resulta sorprendente que el libro se llame Botero. O no tanto. Pintor y escultor colombiano nacido en Medellín en 1932, Fernando Botero creó un mundo en donde lo abnorme es la regla. Gordos inmensos pueblan sus obras, convirtiéndolas en espacios en donde lo monstruoso (en el sentido de lo no común) es lo normal. Tal vez, a eso apunte también este primer libro de Dobal: a crear un espacio literario para lo no común, para el contrafrente, para el revés, convencido de que: “Escribir es cuidarse de lo que se escribe porque lo que se escribe puede ser utilizado.” (Masotta 1965: 16)
Claudio Dobal (1979) nació en Bahía Blanca. Es profesor de literatura y se nota. “Caribe”, el primero de los tres relatos que conforman Botero, puede apreciarse a contraluz de aquella hermosa y portorriqueña Guaracha del Macho Camacho, de Luis Rafael Sánchez. La narración comienza con el caribe (sic), amante de la brazuca (también sic) y chorro por encargo, que se descubre padre de “una tela que llora”. De comienzo moroso y avanzar lento, la narración de “Caribe” se basa en una repetición machacona de las palabras —típicamente guarachera—, palabras que aparecen una y otra vez, tanto, que por momentos logran que el lector bizquee. Esta dificultad de arranque, por un lado, potencia el impacto del corazón narrativo de la historia. Por el otro, se constituye en la de la solución que adopta Dobal en este primer texto para escribir la pobreza.
Tal como apunta Rocco Carbone en otro lugar de este mismo Matadero refiriéndose a Grotescos de Crespi, en “Caribe” lo importante no es sólo qué se cuenta, sino cómo se lo hace. La historia se desarrolla en un espacio que es el centro de una disputa. De una parte están los hombres fosforescentes, con sus mujeres fosforescentes y sus casas fosforescentes. Ellos son los que saben leer, los que dominan los medios de comunicación (en especial, los diarios y la televisión), los que poseen, en fin, escritores que legitiman las prácticas fosforescentes y le otorgan a esa clase dominante el sostén ideológico que precisa. Frente a ellos encontramos a los hombres chapa, que se sueñan fosforescentes y se identifican, así, con quienes los consideran enemigos y los quieren erradicar, sacar del espacio que ocupan. Entre unos y otros, está el caribe, único dotado de conciencia crítica, capaz de comprender la situación en su totalidad, tal como es más allá de las apariencias: “Eliminar a los hombres chapa que se niegan ser hombres chapa. Que se creen hombres fosforescentes. Que no critican a los hombres fosforescentes porque les parece que son como ellos. Que no hacen nada contra la fosforescencia porque ellos se creen brillantes. Pero el caribe sabe la verdad. Sabe que ninguno de ellos es fosforescente.” (48) Esta capacidad, huelga decirlo, lo aleja tanto de los hombres chapa como de los fosforescentes: ambos lo desprecian, le tienen miedo y, en definitiva, quieren acabar con él.
En este plano, el uso de las minúsculas para los nombres propios o apodos (caribe, brazuca, pedro —el escritor—) posee varias funciones. Por un lado, desencadena una polisemia sugestiva, instaurando una ambigüedad que seduce al lector, que lo lleva de un hombre a un lugar geográfico y de vuelta al hombre, sobre todo en la primera parte del texto. Por ejemplo: “Todo ahora es extraño para el caribe. Todo ahora es de otros (…) Y el caribe quiere que le devuelvan su música. Que dejen de usarla y dejen de usarlo. Porque ese caribe que ahora camina un poco más lejos de la vidriera no se va a acostumbrar nunca a ser usado. A que le usen la música como le usaron la tierra, el espacio, sus cosas, sus casas.” (19-20). Esta oscilación contribuye a volver más asfixiante todavía la creación literaria que Dobal hace de la pobreza. Pero por otra parte, y tal como señala Rocco Carbone en su reseña sobre el libro de Crespi, las minúsculas también pueden ser entendidas como una solución literaria que aspira a la universalidad de lo narrado. Se trata de identidades borrosas que carecen de nombre propio (también, por supuesto, de apellido), permitiendo la atribución de lo relatado a cualquier sujeto, a todos y a ninguno en particular. “Caribe” es, en este sentido, una historia épica.
“Cartoons” , la segunda pieza de Botero, ya no interpela la prosa guarachera de Sánchez y se va, más bien, al encuentro de Arlt. Este brusco cambio de tono es un acierto, ya que le da un respiro al lector y, en el mismo movimiento, constituye el primer texto en una unidad cerrada en sí misma y, en ese sentido, autónoma. El protagonista de “Cartoons” se llama Robertito y es, tal como se aclara en la primera frase del texto, un hijo de puta literal. Hijo de una puta que trabaja en el burdel del Griego, Robertito nunca conoce a su padre. Crece enamorado del pecho de Gertrudis (comparable al de aquella que se volvió ícono inolvidable de Amarcord), compañera de su madre, sintiéndose un poco el sobrino de Totó, un cliente transportista de profesión. Todo el cuento transcurre entre el burdel, la comisaría y la panadería de un italiano en la que trabaja Robertito. El ansia de diálogo con la literatura arltiana se encuentra dispersa en múltiples aspectos (y momentos) de esta narración. En personajes, ambientes y situaciones que sería verboso enumerar. Sin embargo, vale la pena mencionar que los errores de ortografía y sintaxis que campean a lo largo y ancho de “Cartoons” —y que, en su mayoría, están ausentes de “Caribe” y “Carnival”— pueden leerse como una opción por la “mala escritura” arltiana, es decir, como una elección consciente y funcional al mundo retratado.
Si en “Caribe” aparecía la primera figura de escritor propuesta en Botero, en “Cartoons” nos encontramos con la segunda. Esta vez, el hombre se llama Ferrero y resulta la antítesis del ya mencionado pedro. Mientras éste puede pensarse como una puta fiel (a los dictados de la clase que usa lo que él escribe), aquél es más bien, y en términos olivarianos, una amada infiel. En uno de los mejores momentos del libro (si no el mejor), Ferrero discurre de la siguiente manera acerca del oficio de escribir mientras asiste, junto con Robertito y Totó, a un show de strippers (durante el cual los tres aprovechan para, se podría decir, relojear a las chicas de abanico): “tenían toda la razón los que me dijeron que hoy no se puede ser escritor profesional. Que no se puede vivir de la escritura siendo escritor. Esa época ya pasó para nosotros (…) Acá, la verdad, para ser escritor en serio hay que dedicarse a otra cosa completamente distinta.” (112) Enfoque similar, como se verá enseguida, al expresado en 1929 por el poeta Nicolás Olivari en sus “Palabras que se lleva el viento”: “Trabajarán los artistas del poema nuevo en sus labores de atrofia. Serán empleados, obreros, mecánicos, médicos, abogados, diputados y aviadores, con la insensibilidad del condenado para siempre a la rutina de la jornada de 8 horas. Luego, en las ocho restantes, desarrollarán la imaginación en reposo y producirán la magnífica inutilidad de sus poemas por los cuales, con toda justicia, no percibirán un solo cobre.” (2005: 136) A partir de estas coincidencias, entonces, se podría pensar la identidad del escritor moderno como la propia incapacidad de ser tal, el hecho de tener que ser “otra cosa” para, paradójicamente, ser un escritor. Cartero (como Bukowski), pero también barrendero, son las opciones que baraja Ferrero, él mismo ex profesor de Lengua y Castellano de la Escuela No. 22. Al final, de todas maneras, terminará convirtiéndose en panadero y ocupando, significativamente, el lugar que Robertito deja vacante.
Llegamos así a “Carnival”, último texto de este libro, en el que se emplaza un juego de espejos similar al de “La noche boca arriba” cortazareana. Por un lado, asistimos a la realización de un ritual indio en el que se decide la suerte del universo por medio de una riña de gallos. Uno, pintado de azul, simboliza el Orden, mientras que el otro, teñido de rojo, hace las veces de Caos. De forma inesperada, éste mata al primero. Los indios, entonces, se preparan para el fin del mundo. Paralelamente, en una ciudad moderna, la gente le da la bienvenida al Carnaval, festividad durante la cual : “(…) la calle era una pequeña revolución de muñecos. Todos imitaban a alguien. Todos querían verse distintos, aparentar ser alguien que nunca podrían ser”. Como se ve, esto retoma la problemática puesta sobre la mesa por “Caribe” y sus hombres chapa que se querían fosforescentes. A ésta, podríamos sumar otra problemática que también atraviesa los tres cuentos: el ansia de cambio entendido como revolución social, como instauración de un nuevo orden, distinto del ya existente. Una y otra logran darle a Botero una unidad que supera las fronteras de cada cuento y construyen, así, un todo articulado y orgánico. El tercer elemento que está presente a lo largo de todo el libro es la sílaba “car-”. En efecto, los tres textos que lo componen se llaman: “Caribe”, “Cartoons” y “Carnival”. “Cartoons”, a su vez, está dividido en “Carita”, “Caretas” y “Carnicería”. De esto derivo dos conclusiones. La primera: hubiera sido perfecto que esta reseña la hiciera Carbone; segundo: la repetición de esa sílaba inicial podría referirse a la voluntad de mostrar que todo es lo mismo, que las historias comparten una raíz común: el margen convertido en centro por el mero acto de narrarlo. Desde este punto de vista fonético, y ya para terminar, resulta sorprendente que el libro se llame Botero. O no tanto. Pintor y escultor colombiano nacido en Medellín en 1932, Fernando Botero creó un mundo en donde lo abnorme es la regla. Gordos inmensos pueblan sus obras, convirtiéndolas en espacios en donde lo monstruoso (en el sentido de lo no común) es lo normal. Tal vez, a eso apunte también este primer libro de Dobal: a crear un espacio literario para lo no común, para el contrafrente, para el revés, convencido de que: “Escribir es cuidarse de lo que se escribe porque lo que se escribe puede ser utilizado.” (Masotta 1965: 16)
Bibliografía
Masotta, Oscar, Sexo y traición en Roberto Arlt, Buenos Aires, Jorge Álvarez, 1965.
Olivari, Nicolás, Poesías 1920 – 1930: La amda infiel, La musa de la mala pata, El gato escaldado, Buenos Aires, Malas Palabras Buks, 2005.
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